¡Ajuwokaj!

¡Ajuwokaj!




El Círculo, llega a su punto de inicio. 
El tiempo es para los nietos de los Abuelos.



El Mensajero del destino, desciende sobre la serpiente emplumada, en la tierra de los Ancestros, vestido con plumas de quetzal, armado con hojas de cereza, cubierta con piedras de maíz, para encontrarse con el Alumno del tiempo, quien abre los muros de sus pensamientos, para interpretar las palabras y gestos del mensajero, a través de la sabiduría y el entendimiento de los abuelos.

El aprendiz del tiempo, consciente que la percepción física, puede ocultar el mensaje del destino, pide a los ancianos de la casa, juntar los elementos de la naturaleza, para provocar que el fuego, acompañe el recibimiento del mensaje, porque él fuego es el medio que utiliza el destino, para llegar a sus elegidos.

Arrodillados sobre los hilos del tiempo, el Mensajero entrega al Alumno, una piedra que en ella, estaba tallada las siguientes palabras “El tiempo ha llegado, para que vuelvan a gobernar sobre su propia tierra” “El señor del destino, ha vuelto a los suyos” sin interpretar el mensaje, el Alumno, no quiere aceptar las palabras, a pesar de suplicar con llanto y dolor, una visión para encontrar su camino. (Los hombres piden respuestas, y cuando estas llegan, hacen otras preguntas)



El Mensajero tiene la misión de entregar un mensaje y recibir un mensaje, más aún ¡CONVENCER! (Los hombres quieren milagros. Pero, tienen miedo de recibir los milagros, y más aún convertirse en hacedores de milagros


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