Matemáticamente Adiós.
Matemáticamente Adiós.
Volar
en mis pensamientos. Para dejarte ir con ira, en el momento menos propicio,
cuando mi piel se ha desgastado, por todas tus líneas y tonteras numéricas. Aunque
debería ser más agradecido, porque te vas de mi vida. Solo porque fui pésimo en las matemáticas. Una materia clave, para calcular tus multiplicaciones
emocionales, que me han restado años a mi vida. Pero ha sumado una pieza
más, en tu colección de almas perdidas, que anhelan ser excavadores de tu
tumba, en el día que te vallas, solo con el placer de verte escribir tus
ecuaciones en tu propio ataúd.
Estoy
llorando de coraje, porque nunca logre engañar la gravedad, por la inercia de
tu cuerpo, que me hizo escribir en tu piel los cálculos, para encontrar la geometría
perfecta de tu cuerpo, sin encontrar el punto de equilibrio, entre tu imaginación
y tu realidad. Una tonelada de números y letras, que caían del cielo, que las
tenía que armar como rompecabezas.
Mi
vida se divide, entre la obsesión de estar contigo y la búsqueda de aquella incógnita,
que tormento mi alma, durante el tiempo que cruce contigo. Diseñando y creando
formulas, para encontrar el camino hacia la respuesta. Mientras guardabas la respuesta, a tu propia pregunta. Desgastando mi propia vida, buscando un
punto, que te hacía feliz. Pero tu
arrogancia, multiplico mis pesares, termine sumando vergüenza, a mi desdichada
vida, suponiendo que tu felicidad era mi felicidad.
Termine
por observar la ecuación de tu vida, sentado muchas horas, reescribiendo reglas
y normas numéricas, para calmar tus histerias y fatalidades, por una respuesta correcta, que nunca encontré,
obteniendo un saldo negativo, acompañado de un cuerpo, más viejo y destrozado. Todo
por tu pasado, que nunca le quitaste la raíz, esperabas ver el mismo circulo,
tomado de la mano conmigo. Sin embargo, conmigo viste un pentágono. Y tú,
esperando ver siempre, un círculo, sin apreciar las virtudes de cada figura geométrica.
Tonto fui, por ser lo que no era, solo por un tercio de tu amor.
Me
voy, caminado hacia mi propio horizonte, sentado sobre mi propio viento, para
dominar la gravedad, para regresar a mi destino, después de una larga y dura experiencia. Que ha quebrado la poca dignidad que me queda. Me llevo
las pocas hojas de mis alas, para volver a tener un corazón agradecido, ante la
vida, que desde el inicio me indico, que no eras la ecuación perfecta, que eras
una ecuación de alguien más. Así son las pruebas, las revisas, las practicas,
para llegar a una conclusión. Antes de empezar a calcular, es importante
analizar, si se comprende los números y las incógnitas de la vida. Para estar
en la hoja correcta, junto con el lápiz preciso, para avanzar e incrementar, un
poco más de aprecio hacia la vida. Dos almas conocidas, suman, dos almas
desconocidas, se restan.
Te
dejo mis hojas de pruebas, para que veas que me esforcé, por comprender tu
ecuación, para encajar en tus cálculos. Falto saber, si tú también encajabas mi
ecuación. Ahora comprendo, que los números nunca engañan, nos indican desde el
inicio, que nuestro procedimiento no es el indicado. Nosotros somos tercos,
buscando principios a las leyes que
existen, suponiendo que podemos controlar el destino de los números, para que
cuadren en nuestra ecuación.
Me
restaste años de paz, me sumaste años de amargura, me multiplicaste pesares en
el alma y dividiste el tiempo de mi vida. Hoy elimino tu raíz de mi vida,
para eliminar tu punto de intersección. Para potenciar de nuevo mi vida.
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