¡MW!

 

¡MW!

 

Él, interpreta los tiempos con sus sentidos, aprendió a respirar los días a través de los vientos, duerme con la abuela luna y trabaja con el abuelo sol.

La vuelta de la madre tierra finaliza e inicia de nuevo, se levanta, abrazado por la chamarra de lana, protegido por las paredes de adobe de tierra, sostenido por madera y cubierto por teja de barro, se arrodilla y da gracias, por el nuevo ciclo que comienza y pide perdón, porque sabe que habrá muerte por los caminos que se abrirán a la nueva vida.

Se abriga, usa sus botas de campo, se coloca su sombrero, abre la puerta y deja entrar los abrazos del frio, que eriza su piel, mientras contempla el nuevo momento, sabe que es el tiempo, no sabe contar las horas con el tiempo del occidente, pero sabe escuchar los pincelazos del sol, que avanzan a cada instante. En un recibiendo de barro, toma un poco de agua reposado en un recipiente de piedra, junta un poco en sus manos y las lleva a su rostro, recibiendo las caricias de la vida, porque el que vive de sus sentidos se deleita de la magia de la vida.

Entra en su pequeña bodega, observa y elige su herramienta del día, toma un azadón mediano, porque a cada trabajo una herramienta especifica, toma su morral de lana que contiene su afilador y limpiador, y toma un puño de tierra que tenía guardado en una jarra de barro, y se dirige a su destino.

En el camino, mira en los tejados la salida del humo, escucha el canto de las aves que están en los árboles de cerezo, saluda a sus vecinos que van a sus jornadas de trabajo acompañados de sus perros, y llega a su campo.

Al llegar, busca el centro de su parcela, se arrodilla, toma la tierra que lleva en su morral y lo deja caer sobre la caña seca, agradece a la tierra por proveer su alimento y pide perdón porque con su fuerza romperá la piel de la tierra y sepultará el pasado, para que pueda renacer la vida, una vida elegida por él, porque la madre tierra no necesita del hombre para regenerarse, sabe crear y destruir a energía, pero en su generosidad permite al hombre manipular sus entrañas.

Después de orar, inicia su jornada, toma los cuerpos del ayer, las junta, porque acá hasta la muerte es colectiva, nadie se va solo siempre se es acompañado, en la eternidad se necesita de la mano del otro, mientras se espera el silencio de paz.

No hay muerte sin vida y sin vida no hay muerte, toda la energía vuelte a la tierra para regenerarse una y otra vez, hasta que todos cumplan su tiempo aquí, antes de comenzar la vida por la eternidad.



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